
Ha sido (otra) semana muy intensa en cuanto a flujo de noticias, con abundancia de titulares contradictorios, mientras los participantes han seguido de cerca la evolución geopolítica, aunque cada vez resulta más difícil distinguir la ‘señal’ del ‘ruido’.
Con esto en mente, estas son, en mi opinión, las cinco conclusiones más importantes de los últimos días de trading.
Comenzamos la semana con los mercados reabriendo apenas unas horas antes de una fecha límite para que Irán reabriera el Estrecho de Ormuz; de lo contrario, EE. UU. llevaría a cabo ataques contra infraestructuras energéticas nacionales. Terminamos la semana con ese plazo aplazado no una, sino dos veces, y con comentarios públicos de la administración Trump inclinándose cada vez más lejos de una retórica escalatoria y acercándose a la idea de alcanzar un acuerdo.
Evidentemente, la situación sigue siendo muy cambiante y EE. UU. continúa acumulando fuerzas militares en la región. Sin embargo, esta semana ha traído las primeras señales concretas de que Trump busca una salida al conflicto. Recordemos que, cuando comenzaron los ataques, se estimó que la operación duraría entre cuatro y seis semanas. Ahora estamos llegando al final de la cuarta semana, por lo que quizá los acontecimientos estén avanzando conforme al calendario previsto.
A la luz de lo anterior, y tras los dos episodios tipo ‘TACO’ que hemos visto esta semana, es razonable afirmar que el presidente Trump no solo es sensible a la evolución de los mercados financieros, sino que también existe un umbral de tolerancia respecto a cuánto deterioro del mercado está dispuesto a aceptar.
Sabemos desde hace tiempo que la Casa Blanca utiliza el comportamiento de los principales índices de Wall Street como referencia de éxito, y parece que el nivel de 6.500 en el S&P es donde actualmente se sitúa el llamado ‘Trump put’. En el mercado de bonos, que ha sufrido tres subastas bastante débiles en la parte media de la curva esta semana, ese umbral parece estar en el 5,00% para la rentabilidad del bono a 30 años.
Más allá de los niveles exactos, el mensaje es bastante claro: la administración tratará, al menos en cierta medida, de respaldar los mercados financieros. Si a esto se le suma que ningún participante quiere quedarse “corto” y verse atrapado en un rally violento como el que siguió a los dos giros de Trump esta semana, se genera una dinámica en la que podría estar formándose un suelo en los activos de mayor riesgo. Aun así, los inversores probablemente no se sientan cómodos elevando significativamente su exposición al riesgo hasta que se materialicen pasos concretos hacia una salida del conflicto.
A pesar de numerosas declaraciones públicas en sentido contrario —dirigidas casi con toda seguridad a la audiencia interna—, Irán está participando en negociaciones. Para ser claros, esto no se basa únicamente en las declaraciones del presidente Trump sobre que Irán “está suplicando un acuerdo” —que también tienen un componente doméstico—, sino en un análisis lógico de los hechos actuales.
EE. UU. presentó a principios de semana un plan de 15 puntos como base para la negociación, al que Irán respondió con su propia lista de 5 puntos. Es cierto que, por ahora, ambas posiciones están muy alejadas, pero no solo es así como comienzan la mayoría de las negociaciones, sino que también demuestra que —ya sea a través de mediadores o por otros canales— existen conversaciones en marcha. De nuevo, en comparación con la situación de hace una o dos semanas, esto debe considerarse un paso, aunque pequeño, hacia la desescalada.
A pesar de todo lo anterior, el Estrecho de Ormuz sigue siendo prácticamente intransitable. Un número reducido de buques ha cruzado este punto estratégico durante la última semana, pero en general el tránsito marítimo sigue siendo solo una pequeña fracción de los niveles previos al estallido del conflicto. Al mismo tiempo, muchos de los últimos envíos de GNL que salieron del Golfo antes del conflicto ya han llegado —o están a punto de llegar— a sus puertos de destino, lo que está tensionando aún más las condiciones de oferta.
Mientras tanto, los mercados parecen no haber descontado aún por completo el impacto a largo plazo de los daños sufridos por diversas infraestructuras energéticas en la región del Golfo. Qatar, por ejemplo, ya ha indicado que podría tardar entre 3 y 5 años en recuperar niveles normales de producción de GNL en Ras Laffan, y que las reparaciones ni siquiera podrán comenzar hasta que el riesgo de acciones militares se reduzca significativamente. Esta disrupción continuada es, sin duda, difícil de posicionar, dado que los acontecimientos geopolíticos diarios dominan el sentimiento del mercado. No obstante, el repunte observado en los futuros de crudo a largo plazo y en el TTF sugiere que esta realidad podría estar empezando, poco a poco, a incorporarse en precios.
Por último, pero no menos importante, parece que el reajuste hacia un tono más agresivo (hawkish) observado recientemente en los contratos STIR de corto plazo ha ido demasiado lejos respecto a la realidad. En ocasiones ha parecido como predicar en el desierto tratar de explicar que no existe una relación lineal por la cual unos precios energéticos más altos deban traducirse automáticamente en tipos de interés más elevados. Sin embargo, los mercados parecen estar empezando a asimilar este mensaje, ya que las valoraciones se han moderado desde los extremos observados hace una semana.
Al mismo tiempo, varios banqueros centrales han realizado declaraciones, y pocos —más allá de los del Norges Bank— han señalado explícitamente una inminente subida de tipos. Los miembros de la Fed que han intervenido esta semana han mantenido en gran medida el enfoque de “esperar y ver” expuesto por el presidente Powell en la rueda de prensa de marzo, mientras que desde el BCE se ha insistido en la necesidad de actuar con “cabeza fría”. Alan Taylor, del Banco de Inglaterra, fue incluso más allá, subrayando la importancia de la calma y señalando que la venta masiva en el mercado de gilts “fue un poco excesiva”.
No es habitual que adopte una visión optimista, pero es la posición en la que me encuentro actualmente. Para ser claros, el conflicto está lejos de haber terminado y las implicaciones económicas completas de la situación actual solo se conocerán con el tiempo. Dicho esto, parece existir una voluntad de desescalar, mientras que los bancos centrales están actuando con un enfoque más racional.
Por supuesto, es demasiado pronto para afirmar que los mercados —y la economía en general— han salido del peligro, pero todo esto podría indicar que empieza a formarse cierto nivel de soporte en los activos de riesgo.
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