
El yen japonés enfrenta una nueva ola de debilidad tras un giro inesperado en la narrativa de política monetaria en Japón. Reportes recientes indican que la primera ministra Sanae Takaichi habría expresado preocupación por nuevas alzas de tasas en su reunión con el gobernador Kazuo Ueda, lo que reactivó las dudas sobre la independencia del Banco de Japón.
Para el mercado, el punto crítico no fue un tono más expansivo en sí mismo, sino la posibilidad de interferencia política en el proceso de normalización monetaria. En meses recientes, uno de los principales argumentos estructurales a favor del yen había sido la expectativa de una reducción progresiva del diferencial de tasas entre Japón y EE.UU., derivada de la divergencia en las trayectorias de política monetaria.
Sin embargo, la persistencia de rendimientos elevados en Estados Unidos, en un contexto de incertidumbre comercial y presión inflacionaria, mantiene el diferencial de tasas como un obstáculo relevante para una apreciación sostenida del yen.
La reciente volatilidad en política comercial estadounidense, junto con anuncios arancelarios y giros legales, ha mantenido el foco en inflación, primas de riesgo y rendimientos del Tesoro. Mientras el mercado no internalice con claridad un ciclo de recortes por parte de la Reserva Federal, el diferencial de tasas continuará favoreciendo al dólar.
Si bien el yen conserva su estatus histórico como activo refugio en episodios de aversión al riesgo, el soporte derivado de ese flujo defensivo puede verse opacado cuando el mercado cuestiona la trayectoria futura del tipo rector en Japón.
Adicionalmente, el mercado cambiario se mantiene particularmente sensible al riesgo de intervención oficial. Esta dinámica genera un comportamiento bidireccional: por un lado, limita depreciaciones desordenadas; por otro, incentiva ventas tácticas cuando los participantes perciben que las autoridades actuarán únicamente ante movimientos extremos.
En consecuencia, el tipo de cambio se encuentra dominado por titulares políticos y posicionamiento, más que por fundamentales tradicionales de mediano plazo.
Desde la perspectiva técnica, el par USD/JPY mantiene una estructura lateral. Tras el retroceso de febrero, el precio encontró soporte en 153.55 y 152.80, niveles que han sido defendidos repetidamente y que configuran una base relevante de corto plazo.
El rebote reciente llevó nuevamente al cruce hacia la zona de 154.85–156.00, donde converge una resistencia horizontal con la media móvil de 50 días, referencia dinámica clave en el corto plazo.
El RSI, en torno a 53, refleja un momentum neutral, mientras que el ADX en niveles cercanos a 18 sugiere una tendencia débil. En conjunto, los indicadores apuntan a una fase de consolidación antes de un eventual movimiento direccional más definido.

En adelante, la evolución del yen probablemente seguirá condicionada por tres variables centrales. Primero, cualquier señal adicional de presión política sobre el Banco de Japón podría incrementar la volatilidad y reforzar el sesgo alcista del USD/JPY. Segundo, el comportamiento de las tasas estadounidenses seguirá siendo determinante; sin una caída relevante en los rendimientos, el diferencial continuará favoreciendo al dólar. Tercero, el riesgo de intervención funcionará como estabilizador de extremos más que como catalizador de una tendencia sostenida.
Una apreciación duradera del yen requeriría simultáneamente señales más claras de normalización monetaria en Japón y/o una caída significativa en las tasas de interés en EE.UU.
El cruce permanece en rango, con soportes bien definidos y resistencias técnicas claras, en un entorno dominado por expectativas de política monetaria y sensibilidad a titulares. Mientras el diferencial de tasas siga ampliado y persistan las dudas sobre la independencia del Banco de Japón, el sesgo estructural continuará inclinándose a favor del dólar, aunque dentro de una dinámica de consolidación y elevada dependencia de eventos.
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