
El oro atraviesa un equilibrio complejo entre fuerzas que nacen de un mismo shock, pero que impactan en direcciones opuestas. La intensificación del conflicto en Medio Oriente —con ataques a infraestructura energética y disrupciones en rutas clave como el Estrecho de Ormuz— ha reforzado la prima de refugio del metal, sosteniendo la demanda defensiva.

El canal energético es determinante. El alza del petróleo no solo incrementa la aversión al riesgo, sino que también introduce un escenario más cercano a la estanflación: presiones inflacionarias junto con señales de desaceleración económica. Este entorno tiende a favorecer estructuralmente al oro.
Sin embargo, el mismo shock genera un contrapeso relevante. El repunte del crudo ha reactivado expectativas de inflación, lo que ha llevado al mercado a ajustar las probabilidades de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal.

Como resultado, los rendimientos de los bonos del Tesoro se mantienen firmes, especialmente en el tramo largo, mientras el dólar conserva fortaleza relativa. Para el oro —un activo sin rendimiento— este entorno actúa como freno, explicando por qué su comportamiento ha sido más resiliente que explosivo.
La interacción entre tasas reales, inflación y dólar sigue siendo el eje central para el precio del oro. Mientras el mercado internalice un escenario de tasas más altas por más tiempo, el potencial alcista del metal tiende a moderarse.
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Aun así, el soporte estructural permanece vigente. La combinación de incertidumbre geopolítica, riesgos de disrupción energética y demanda física sólida mantiene un sesgo constructivo en el largo plazo.
Hacia adelante, la trayectoria del oro dependerá de tres variables clave:
Este equilibrio sugiere una dinámica táctica más bidireccional, donde los movimientos de corto plazo responden rápidamente a cambios en estas variables.
Desde el punto de vista técnico, el oro se encuentra en una fase de consolidación tras su impulso previo, manteniendo su estructura alcista de fondo pero con desaceleración en el corto plazo.
El precio se mueve dentro de un rango bien definido:
Los indicadores técnicos reflejan pérdida de momentum. El RSI se mantiene en zona neutral con sesgo bajista, mientras que el ADX confirma la ausencia de una tendencia fuerte, reforzando el escenario lateral.
Los rechazos reiterados en la parte alta del rango sugieren presión vendedora, aumentando el riesgo de una fase de distribución.
Escenarios relevantes:
El oro mantiene un sesgo constructivo en el largo plazo, respaldado por factores estructurales, pero condicionado en el corto plazo por un entorno de tasas elevadas y dólar firme. Mientras no se resuelva esta tensión, el escenario dominante sigue siendo de consolidación, con leve inclinación bajista en el corto plazo sin invalidar la tendencia alcista principal.
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