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El dato de empleo estadounidense alivió parcialmente el temor a un endurecimiento agresivo, pero no eliminó el dilema de política monetaria. Aunque la economía muestra señales de pérdida de momentum laboral, la inflación subyacente sigue siendo suficientemente incómoda como para impedir que el mercado descuente con convicción un giro más expansivo.


La dinámica del dólar y de las tasas de interés reales sigue siendo el canal de transmisión más importante para el oro. Una divisa estadounidense más fuerte reduce el atractivo relativo del metal para compradores fuera de EE.UU., mientras que el repunte de las tasas nominales y reales limita la disposición de los inversionistas a aumentar exposición en metales preciosos. Esto explica en parte por qué el oro no logra extender de manera limpia su recuperación, incluso después de un reporte laboral más débil.
El frente geopolítico, que durante buena parte del año actuó como soporte para el oro, hoy opera con menor intensidad. La distensión parcial en Medio Oriente y la estabilización del petróleo cerca de niveles previos al episodio de mayor tensión han reducido la urgencia de buscar cobertura defensiva. Además, la OPEP+ decidió aumentar su producción y el tráfico por el Estrecho de Ormuz ha ido normalizándose, lo que disminuye el riesgo inmediato de un shock energético extremo.
Esto también ha contribuido a mejorar el sentimiento hacia activos de riesgo, lo que a su vez juega en contra del metal en el margen. La renta variable global arrancó la semana con un tono más positivo, apoyada por el liderazgo de tecnología y semiconductores, mientras los inversionistas se preparan para resultados corporativos relevantes. Así, en un contexto donde el apetito por riesgo se mantiene resiliente, la demanda táctica por refugio del oro pierde fuerza.

Con todo, si las minutas de la Fed confirman que el banco central sigue preocupado por la inflación y dispuesto a mantener una postura restrictiva, el oro podría permanecer presionado a la baja, especialmente si el dólar y los rendimientos se mantienen firmes. En cambio, si la desaceleración laboral gana peso en la función de reacción de la Fed y el mercado vuelve a descontar una pausa más prolongada o un eventual giro expansivo, el metal tendría espacio para recuperar tracción.
Desde la perspectiva técnica, el oro enfrenta la semana con sesgo bajista, cotizando en torno a los 4.152 dólares, por debajo de sus medias móviles clave: EMA 21 en 4.178 y SMA 50 en 4.391. El gráfico diario refleja una tendencia descendente estructural desde los máximos de marzo, con el precio aún atrapado bajo la línea bajista principal. El RSI en 45,43 y el ADX en 39,05 confirman momentum vendedor con convicción moderada. El soporte inmediato se sitúa en 4.030; de ceder, la siguiente zona crítica es 3.924. Al alza, la resistencia más relevante pasa por 4.243, nivel desde donde podría reactivarse la presión bajista.

El contexto macro refuerza el cuadro técnico: una Fed restrictiva, un dólar firme y una menor prima geopolítica limitan cualquier recuperación sostenida del oro. El escenario de mayor probabilidad apunta a una consolidación con sesgo bajista, salvo que las minutas de la Reserva Federal sorprendan con un tono dovish que permita al metal atacar nuevamente los 4.243 dólares.
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