
El movimiento reciente del precio del oro refleja un mercado que intenta recalibrar dos fuerzas contrapuestas. Por un lado, los temores más extremos sobre un shock energético en Medio Oriente se han moderado. Por otro, el trasfondo macroeconómico y geopolítico sigue favoreciendo la demanda estratégica por activos de refugio.
El impulso inmediato provino de un dólar más débil y de la caída del petróleo, después de que el presidente Donald Trump señalara que el conflicto con Irán podría acercarse a una resolución. Este escenario alivió temporalmente las preocupaciones inflacionarias asociadas al encarecimiento de la energía y redujo la presión sobre los rendimientos del Tesoro estadounidense.
La depreciación del dólar vuelve más atractivo el oro para compradores fuera de Estados Unidos, mientras que un petróleo más bajo reduce el riesgo de que la Reserva Federal deba mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo.
Sin embargo, la prima geopolítica no ha desaparecido. Los bombardeos en Teherán continúan incluso cuando los mercados energéticos han comenzado a estabilizarse, lo que mantiene una capa de demanda preventiva por oro. Aunque el mercado ya no descuenta un shock energético inmediato, la incertidumbre regional sigue siendo un factor de soporte para el metal.
Desde la perspectiva de flujos y posicionamiento, el trasfondo del oro continúa siendo constructivo.
Las entradas netas hacia ETF respaldados físicamente por oro y otros metales preciosos se extendieron por noveno mes consecutivo al cierre de febrero, con Estados Unidos liderando las suscripciones. Este comportamiento refleja una demanda institucional persistente por exposición estratégica al metal.


La demanda asiática también ha desempeñado un papel relevante en la absorción de volatilidad. La actividad en ETF en China y la negociación en la Shanghai Futures Exchange han ayudado a estabilizar el mercado durante episodios de corrección.
No obstante, los flujos de muy corto plazo han sido más volátiles. En lo que va de marzo se registró la mayor reducción semanal de flujos en más de dos años, lo que sugiere que algunos inversionistas han utilizado el oro como fuente de liquidez en medio de la volatilidad global de los mercados.
Este comportamiento es relativamente habitual en episodios de estrés financiero, donde la demanda estructural permanece sólida pero los flujos tácticos pueden oscilar cuando el dólar se fortalece o los inversionistas necesitan generar liquidez.
Desde la perspectiva técnica, el XAU/USD mantiene una tendencia alcista estructural. El precio se ubica por encima de sus medias móviles clave —EMA 10, EMA 21 y SMA 50— lo que confirma que el sesgo principal sigue siendo positivo.
Actualmente el mercado se encuentra en una fase de consolidación entre 5,100 y 5,250, con un RSI cercano a 57 que indica momentum moderadamente alcista sin señales de sobrecompra.

La caída del ADX sugiere compresión de volatilidad, un patrón que suele preceder movimientos direccionales más impulsivos.
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