
El comportamiento reciente del oro refleja un cambio estructural en la forma en que el mercado interpreta los riesgos macroeconómicos. La atención ha migrado desde presiones inflacionarias hacia el impacto potencial sobre el crecimiento global, en un contexto de desescalada parcial en Medio Oriente.
El principal catalizador reciente provino del frente geopolítico, luego de que el presidente de EE.UU. señalara la posibilidad de abandonar el conflicto con Irán en un horizonte de dos a tres semanas. Esto contribuyó a moderar los precios del petróleo y a reducir las primas de riesgo más extremas, aunque sin eliminar completamente la incertidumbre, especialmente considerando la relevancia estratégica del Estrecho de Ormuz.
En este entorno, el oro mantiene su rol como activo refugio, pero con un matiz distinto: ahora responde no solo a shocks inflacionarios, sino también a expectativas de desaceleración económica global, particularmente en regiones como Europa y Latinoamérica.

El ajuste en los principales drivers financieros ha sido determinante para el comportamiento del XAU/USD. La caída en las tasas del Tesoro estadounidense ha reducido el costo de oportunidad de mantener posiciones en oro, reforzando su atractivo relativo frente a otros activos.
Este cambio responde a una reevaluación del escenario monetario. El mercado comienza a cuestionar la sostenibilidad de tasas persistentemente altas, en línea con comentarios de autoridades que apuntan a un equilibrio más delicado entre inflación y crecimiento. Esto ha permitido revertir parcialmente las presiones observadas en marzo, cuando el oro enfrentó una corrección significativa impulsada por el alza de rendimientos reales y liquidación de posiciones largas.

En paralelo, el soporte estructural permanece intacto. La demanda institucional continúa sólida, con flujos positivos hacia ETF respaldados físicamente y compras sostenidas por parte de bancos centrales, consolidando al oro como un activo estratégico dentro de portafolios diversificados.
La depreciación del dólar ha sido otro factor clave en el soporte reciente del precio del oro, reforzando la relación inversa entre ambos activos y mejorando las condiciones financieras para el metal.

Desde la perspectiva técnica, el precio spot del oro rebota y se ubica en torno a 4,787, intentando recuperar medias relevantes tras la corrección previa.
El nivel de 4,865 actúa como resistencia inmediata, mientras que la zona entre 4,998 y 5,103 se posiciona como un rango decisivo para confirmar continuidad alcista. Un quiebre sostenido sobre este bloque reforzaría el sesgo positivo de mediano plazo.
Por el lado inferior, los soportes en 4,555 y 4,243 son niveles críticos. La pérdida de estas zonas reactivaría presión bajista, especialmente si se combina con un fortalecimiento del dólar o un repunte en tasas reales.
El principal riesgo técnico sigue siendo un rechazo en resistencias que configure un máximo descendente, limitando el momentum alcista en el corto plazo.
El oro continúa operando en un equilibrio entre factores macroeconómicos, geopolíticos y estructurales. Una desescalada sostenida en Medio Oriente podría moderar la demanda por cobertura, pero mantendría soporte a través del canal de tasas de interés y tipo de cambio en un entorno de menor crecimiento.
Por el contrario, una prolongación de tensiones —especialmente si afecta rutas energéticas clave— podría reactivar presiones inflacionarias y deteriorar aún más las perspectivas de crecimiento global, un escenario que históricamente favorece al oro.
En este contexto, el sesgo de mediano plazo para el precio del oro (XAU/USD) se mantiene constructivo, con episodios de volatilidad más asociados a ajustes de posicionamiento que a cambios estructurales en su tesis de inversión.
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