
El comportamiento reciente de las monedas desarrolladas refleja un cambio relevante: el mercado ha dejado de responder a dinámicas tradicionales de refugio y ahora está dominado por cómo cada banco central enfrenta el mismo shock de precios energéticos, que simultáneamente presiona la inflación al alza y deteriora las perspectivas de crecimiento.
En este contexto, el dólar mantiene soporte en el corto plazo, impulsado por la persistente incertidumbre geopolítica, un entorno de mayor aversión al riesgo y la menor exposición relativa de la economía estadounidense al shock energético al ser un exportador neto. Sin embargo, este soporte ya no es unidireccional.
Parte importante de la prima positiva del dólar se ha normalizado. Hacia adelante, factores como una eventual compresión de diferenciales de tasas o un aumento en la cobertura cambiaria por parte de inversionistas extranjeros en activos estadounidenses podrían convertirse en un lastre, particularmente si el foco del mercado se desplaza desde la inflación hacia el crecimiento.
El euro ha mostrado resiliencia reciente, aunque no por una mejora en el trasfondo macro, sino por una reevaluación del riesgo de política monetaria del Banco Central Europeo.

El tono menos expansivo de la autoridad ha permitido que los diferenciales de tasas actúen como amortiguador frente al deterioro de los términos de intercambio derivados del encarecimiento del petróleo. Sin embargo, esta fortaleza es frágil.
Si el mercado comienza a interpretar que el BCE está endureciendo su postura en medio de un shock de oferta, el riesgo de error de política podría pasar a dominar la narrativa. Esto es especialmente relevante considerando la mayor dependencia energética de la eurozona y la evidencia de debilitamiento en la actividad.
Desde la perspectiva técnica, el precio de EUR/USD confirma este sesgo.

El par muestra una estructura claramente bajista tras romper soportes clave en la zona de 1.1650, con el precio en torno a 1.1530 presionando un área de demanda relevante entre 1.1500 y 1.1400. Los promedios móviles alineados a la baja, junto a un RSI por debajo de 50 y un ADX elevado, sugieren continuidad de la tendencia.
Mientras el precio se mantenga por debajo de 1.1600, los rebotes continúan siendo oportunidades de venta, con objetivos en 1.1450 y 1.1400. Un quiebre por debajo de 1.1400 podría acelerar caídas hacia 1.1300. El principal riesgo para este escenario sería una recuperación sostenida por encima de 1.1600, lo que abriría el camino hacia 1.1665 e incluso 1.1725.
La libra esterlina ha mostrado una dinámica similar, respaldada por un fuerte ajuste en las expectativas de política monetaria tras la última reunión del Banco de Inglaterra, lo que ha favorecido su atractivo relativo en términos de carry.
No obstante, esta fortaleza convive con vulnerabilidades relevantes. La economía británica sigue siendo sensible al shock energético y al impacto de tasas más altas, lo que podría reactivar preocupaciones fiscales y afectar la credibilidad macro.
A esto se suma la posibilidad de una prima de riesgo político en el corto plazo, reforzando la idea de que la libra está más sostenida por factores financieros que por fundamentos sólidos.

En términos técnicos, GBP/USD se mantiene dentro de un rango bien definido entre 1.3745 y 1.3245, con un sesgo ligeramente bajista tras rechazos repetidos en la zona de 1.3400–1.3450. Los promedios móviles de corto plazo apuntan a debilidad y el RSI en torno a 45 refleja falta de impulso alcista, mientras el ADX sugiere un entorno sin tendencia fuerte.
Mientras el precio no supere 1.3410, los rebotes continúan siendo oportunidades de venta con objetivos en 1.3245. Una ruptura clara por debajo de ese nivel abriría la puerta hacia 1.3000. Por el contrario, una recuperación sobre 1.3410 podría impulsar un movimiento hacia 1.3580.
La principal vulnerabilidad para el mercado radica en que aún no está definido si el shock actual es predominantemente inflacionario o de crecimiento.
Si los precios del petróleo se mantienen elevados sin un deterioro adicional en el frente geopolítico, tanto el euro como la libra podrían sostenerse en el corto plazo gracias al soporte de los diferenciales de tasas. Sin embargo, si el shock se prolonga y comienza a reflejarse en una desaceleración más clara del crecimiento y en un deterioro del apetito por riesgo, el balance podría cambiar.
En ese escenario, el dólar podría inicialmente mantenerse respaldado por su rol defensivo, pero en una segunda fase su fortaleza podría erosionarse si la Reserva Federal se ve obligada a ajustar su postura frente a un entorno más débil.
El corto plazo sigue favoreciendo al dólar, pero la trayectoria hacia adelante es más contingente: el euro permanece más expuesto a errores de política, mientras la libra enfrenta riesgos fiscales y de credibilidad, en un entorno donde la política monetaria seguirá siendo el principal driver del mercado.
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