
El precio del cobre está atravesando una fase de ajuste luego de un rally muy concentrado en semanas previas, liderado principalmente por China. Uno de los factores centrales detrás de este movimiento es el componente estacional asociado al Año Nuevo Lunar, período en el que tanto compradores spot como fabricantes chinos tienden a reducir su actividad. Esta dinámica suele moderar de forma transitoria la demanda física de metal, incluso cuando el escenario de mediano plazo permanece constructivo.
En paralelo, la señal proveniente de los inventarios se ha vuelto algo menos favorable en el margen. Las existencias visibles en los principales centros de almacenamiento han comenzado a aumentar antes del feriado, tras una etapa de demanda inusualmente fuerte desde Estados Unidos. Este fenómeno estuvo relacionado con riesgos arancelarios que distorsionaron rutas comerciales y redujeron la disponibilidad de cobre en otras regiones, influyendo temporalmente en el valor del cobre.

A este trasfondo estacional se suma una dinámica de posicionamiento más amplia. En las últimas semanas se observó un comportamiento cercano a una “euforia en metales”, caracterizado por una elevada participación de flujos tácticos, mayor volatilidad y episodios recurrentes de de-risking. En este contexto, el precio del cobre y los CFDs sobre cobre se vuelven especialmente sensibles a la liquidez global y a los movimientos cruzados con otros activos, más que a variaciones diarias en la demanda final.
La actividad especulativa en los mercados de metales ha amplificado las correcciones posteriores al fuerte avance registrado a fines de enero. Este patrón es coherente con el tono más cauteloso observado recientemente y explica por qué el XCU/USD ha reaccionado con mayor intensidad a cambios en el apetito por riesgo global.
Mirando más allá del corto plazo, los fundamentos que han sostenido el sesgo comprador del cobre permanecen vigentes. El crecimiento global se mantiene relativamente saludable y el sector manufacturero ha comenzado a mostrar señales de mejora. En este escenario, el balance entre oferta y demanda podría volver a estrecharse durante 2026, especialmente si persisten las dudas en torno a la política comercial de Estados Unidos y las preocupaciones sobre la seguridad de suministro.

Bajo este marco, las correcciones recientes están siendo interpretadas por algunos participantes como un ajuste saludable más que como un cambio de régimen. Las compras en retrocesos contribuyen a la construcción de un piso, mientras que el punto de mayor presión fundamental aún estaría por delante.
En las próximas semanas, la pausa estacional asociada al Año Nuevo Lunar y la lectura de inventarios al alza podrían mantener al cobre operando dentro de un rango volátil. Este escenario podría verse reforzado si el dólar se fortalece o si el apetito por riesgo global se modera.
Sin embargo, una vez superado este período, el caso estructural sigue siendo sólido. La recuperación gradual de la actividad manufacturera, un contexto de oferta ajustada y señales reiteradas de restricciones productivas —incluidos recientes recortes en las perspectivas de producción vinculados a operaciones en Chile— sugieren que el mercado continuará siendo altamente sensible a noticias del lado de la oferta. En este sentido, las fases de consolidación podrían dar paso nuevamente a episodios de mayor estrechez cuando la demanda física se normalice.
Desde una perspectiva técnica, la configuración actual muestra una fase de consolidación tras una tendencia alcista previa. El precio del cobre se mueve en torno a 5,94, dentro de un rango bien definido, con un soporte clave en 5,799 y una resistencia principal en 6,141.
Mientras el precio se mantenga por encima de la media móvil simple de 50 períodos (SMA 50), ubicada en torno a 5,75, la estructura de mediano plazo sigue siendo alcista. Las medias móviles exponenciales de 10 y 21 períodos se sitúan muy próximas al precio, reflejando una pérdida de momentum de corto plazo y un mercado más indeciso. El RSI cercano a 50 refuerza esta lectura de neutralidad, dejando espacio para un movimiento direccional en función de nuevos catalizadores.

El cobre atraviesa una etapa de consolidación tras un rally intenso, influida por factores estacionales y ajustes de posicionamiento. No obstante, los fundamentos macroeconómicos y las tensiones estructurales del lado de la oferta continúan respaldando un sesgo alcista de fondo para el precio del cobre, especialmente a medida que la demanda manufacturera global retome impulso.
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