
Bitcoin se ha comportado nuevamente como un activo de alto beta, viéndose perjudicado por el aumento de la aversión al riesgo observado en los últimos días. Un tono de mercado claramente más defensivo, gatillado por una mayor volatilidad en el sector tecnológico en Estados Unidos, un dólar más fuerte y condiciones financieras globales menos holgadas, ha tendido a presionar primero a los activos más sensibles a la liquidez, como las criptomonedas.
Este cambio en el apetito por riesgo ha favorecido los flujos hacia posiciones más defensivas, reduciendo el espacio para activos de riesgo no tradicionales. En este contexto, el valor de bitcoin ha quedado expuesto a episodios de ajuste más abruptos, reforzando su correlación con dinámicas de de-risking global.
A este entorno macro menos favorable se han sumado factores propios del mercado cripto. Se observó un proceso de des apalancamiento forzado, con liquidaciones relevantes en derivados y un deterioro del posicionamiento táctico, consistente con episodios previos de estrés, donde la prioridad de los participantes pasa a ser la reducción rápida de exposición.
La demanda spot fue insuficiente para absorber la presión vendedora, amplificando la corrección en el precio del bitcoin. Esta dinámica interna ha contribuido a que el ajuste sea más profundo y ordenado desde el punto de vista técnico, pero más exigente en términos de volatilidad.

El gráfico muestra la magnitud de las caídas diarias de Bitcoin medidas desde máximos recientes, reflejando episodios de estrés más intenso y un aumento en la severidad de los movimientos bajistas, en línea con procesos de desapalancamiento forzado y liquidaciones en el mercado cripto.
Un elemento clave en el ajuste reciente ha sido la evolución del comprador marginal. Tras haber actuado como un soporte relevante durante gran parte de 2025, los flujos hacia los ETF spot de Bitcoin en Estados Unidos se han vuelto más erráticos e incluso negativos en el margen, retirando un ancla de demanda justo cuando el entorno macro se volvió menos benigno.
Este cambio ha reforzado la percepción de que, en episodios de aversión al riesgo, Bitcoin sigue comportándose más como un activo cíclico que como un refugio, incentivando ventas tácticas dentro del universo de inversionistas institucionales y traders más activos.
Desde la perspectiva técnica, el deterioro es claro y sostenido. La estructura de mercado de BTC/USD se mantiene predominantemente bajista, luego de que el precio perforara de forma decisiva una amplia zona de consolidación y pasara a cotizar muy por debajo de sus medias móviles clave, confirmando que la presión vendedora domina el escenario actual.
La incapacidad del precio del bitcoin para sostenerse por encima del área de 88.000–90.000 dólares marcó un punto de inflexión relevante, transformando esa zona en una resistencia importante que ahora limita cualquier intento de recuperación.

Gráfico de precio de Bitcoin frente al dólar estadounidense (BTC/USD), utilizado como referencia del comportamiento técnico reciente, incluyendo la ruptura de zonas de consolidación y la identificación de niveles de soporte y resistencia relevantes dentro de la tendencia dominante.
En el corto plazo, la zona de 67.000–65.000 dólares actúa como soporte inmediato y está siendo puesta a prueba. Una pérdida clara de este nivel aumentaría significativamente el riesgo de una extensión del movimiento hacia soportes más profundos en torno a los 62.000 dólares y, posteriormente, al rango de 58.000–60.000 dólares, donde se concentra una referencia histórica de demanda.
El RSI se mantiene cercano a niveles de sobreventa, pero sin divergencias alcistas claras, lo que sugiere que la debilidad puede persistir antes de un rebote más sostenible.
Hacia adelante, la persistencia de las presiones sobre Bitcoin dependerá principalmente de si se mantiene el régimen de alta volatilidad en la renta variable, en particular en el sector tecnológico, y de la fortaleza del dólar. De continuar este escenario, BTC probablemente seguirá altamente correlacionado con episodios de de-risking global.
Desde una perspectiva operativa, cualquier rebote mientras el precio permanezca por debajo de los 75.000 dólares debería interpretarse con cautela y considerarse más como un alivio técnico que como un cambio estructural de tendencia. Entradas más agresivas al alza solo ganarían atractivo con una recuperación consistente de resistencias clave, mientras que el riesgo principal sigue siendo una continuación del tramo bajista dentro de la tendencia dominante.
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