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La dinámica de Bitcoin combina una serie particularmente favorable de factores macroeconómicos, regulatorios y propios del mercado cripto. El catalizador inmediato no ha sido una mejora convencional en el apetito global por riesgo, sino la creciente discusión sobre la sostenibilidad fiscal de EE.UU. y la intervención del Tesoro en el mercado de bonos. A ello se suman una recuperación de la demanda institucional, señales de oferta cada vez más limitada y un fuerte ajuste de posiciones bajistas, elementos que en conjunto han amplificado el movimiento.
El principal factor macroeconómico ha sido la decisión del Tesoro de aumentar significativamente las recompras de bonos de mayor duración. Bessent anunció que el tamaño máximo de determinadas operaciones al menos se duplicaría, en un intento por mejorar la liquidez y aliviar la presión sobre un tramo largo de la curva que venía enfrentando fuertes ventas. Inicialmente, la medida permitió una caída de las tasas, pero su efecto más persistente se observó sobre el dólar: parte del mercado comenzó a cuestionar si contener artificialmente el costo de financiamiento de largo plazo terminaría trasladando el ajuste hacia una moneda más débil, reactivando el debasement trade.

Esta distinción importa porque el impulso de Bitcoin no depende de una caída sostenida de las tasas del Tesoro: de hecho, las tasas largas volvieron a subir a medida que los inversionistas cuestionan la trayectoria fiscal estadounidense, el elevado volumen de emisión y la capacidad de las recompras para alterar esa dinámica de forma permanente. La deuda pública de EE.UU. ya supera los US$40 billones y el mercado exige una prima elevada para absorber vencimientos largos; que el dólar permanezca vulnerable incluso con tasas al alza sugiere que el canal dominante no es solo el de condiciones financieras más laxas, sino también uno ligado a la confianza fiscal y al riesgo cambiario.

En condiciones normales, tasas largas altas, petróleo elevado y menor apetito por renta variable representarían un entorno adverso para Bitcoin, dada su sensibilidad histórica a la liquidez global y a los activos de alto beta. Sin embargo, el activo se ha desacoplado parcialmente del deterioro del sentimiento general, señal de que el dólar, la oferta disponible y la demanda institucional están dominando, al menos temporalmente, sobre el canal tradicional de risk-on/risk-off.
Otra pieza que explica por qué sube Bitcoin proviene de la estructura de la oferta. Los inversionistas de largo plazo controlan actualmente cerca del 83% de la oferta total, la proporción más alta desde diciembre de 2023, lo que reduce el float efectivamente disponible para satisfacer nueva demanda y aumenta la sensibilidad del precio ante flujos compradores adicionales.
Al mismo tiempo, la demanda institucional muestra señales más convincentes de recuperación: los ETF de Bitcoin listados en EE.UU. acumulaban más de US$1.000 millones de entradas netas en la semana, encaminándose a su mayor flujo semanal desde enero.

Parte de la velocidad del rally también responde a factores técnicos y de posicionamiento. En las últimas semanas se liquidó un gran número de posiciones cortas, lo que, combinado con el aumento previo del short interest, dejó al mercado vulnerable a un short squeeze: al superar las zonas que limitaban su avance, los operadores bajistas se vieron obligados a recomprar posiciones, sumando demanda forzada a un mercado ya restringido por el lado de la oferta.

Este factor debe interpretarse con cautela, ya que las liquidaciones aceleran un movimiento pero no constituyen por sí mismas una fuente sostenible de demanda; la continuidad del rally dependerá de que los flujos de ETF e inversionistas institucionales reemplacen esa demanda forzada por entradas genuinas de capital.
En el frente regulatorio, el presidente Donald Trump volvió a presionar al Congreso para avanzar con el Clarity Act, legislación orientada a definir con mayor claridad los activos digitales y las competencias entre agencias estadounidenses. La administración también continúa impulsando cambios regulatorios más favorables ante la falta de avances legislativos definitivos, lo que reduce la prima de riesgo del activo; sin embargo, la iniciativa sigue enfrentando obstáculos en el Senado y aún no cuenta con aprobación, por lo que persiste una distancia entre las señales de la administración y una arquitectura regulatoria definitiva. Hacia adelante, las señales de política monetaria de la Reserva Federal, incluido el mensaje desde Jackson Hole, serán relevantes para evaluar cuánto espacio existe para que esta dinámica continúe.
Desde la perspectiva técnica, Bitcoin muestra un cambio relevante tras romper al alza la consolidación de US$62.000–67.000 y cotizar cerca de US$77.400, con un sesgo alcista de corto y mediano plazo, aunque el movimiento está muy extendido. Los soportes clave están en US$72.800, US$69.450 y luego US$65.400–67.100; mientras estas zonas se mantengan, la estructura favorece la continuidad. Una pérdida sostenida de US$65.000–67.000 aumentaría el riesgo de retroceso hacia US$62.000 o US$59.400. Por arriba, las principales resistencias son US$80.000, US$82.860 y posteriormente US$94.000, siendo US$82.860 el nivel más importante para confirmar una reversión de mayor magnitud.

Las medias móviles entregan una señal positiva, con el precio sobre la EMA10, la EMA21 y la SMA50, y un ADX cercano a 23 que repunta y sugiere una tendencia en fortalecimiento. Sin embargo, el RSI cercano a 85 indica sobrecompra extrema, elevando el riesgo de corrección o consolidación. Las mejores entradas aparecerían en retrocesos hacia US$72.800 o US$69.400 con reacción alcista, mientras que las zonas de US$80.000–82.860 lucen razonables para toma parcial de utilidades.
El balance de factores detrás de por qué sube Bitcoin sigue siendo constructivo: una persistente debilidad del dólar, nuevas medidas del Tesoro para contener el costo del financiamiento de largo plazo y la continuidad de las entradas hacia los ETF podrían seguir apoyando al activo, especialmente mientras la oferta permanezca concentrada en manos de tenedores de largo plazo. No obstante, los principales riesgos provienen de las mismas variables macro que hoy favorecen el movimiento: si las recompras del Tesoro no logran estabilizar el mercado de bonos y los rendimientos largos siguen subiendo, o si un shock energético en Medio Oriente reaviva presiones inflacionarias que obliguen a la Reserva Federal a mantener un sesgo más restrictivo, el beneficio de un dólar más débil podría verse contrarrestado.
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