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El principal catalizador de corto plazo proviene de EE.UU. y, en particular, de la intervención del Tesoro en el mercado de deuda de larga duración. El anuncio de una expansión significativa de las recompras de bonos de mayor plazo permitió inicialmente moderar las tasas y debilitó al dólar, reduciendo dos de los obstáculos que había enfrentado el oro durante buena parte de 2026. Sin embargo, el efecto más relevante parece operar por un canal distinto: la reaparición del debasement trade, que cuestiona hasta qué punto contener el costo de financiamiento es sostenible sin abordar las presiones fiscales estructurales que siguen empujando al alza la oferta de deuda estadounidense.
Esta lectura resulta particularmente favorable para el metal. Las recompras del Tesoro no constituyen un programa de flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal, pero la disposición de las autoridades a intervenir frente al aumento de las tasas ha reactivado las dudas sobre qué variable terminará absorbiendo el ajuste.

El principal catalizador de corto plazo proviene de EE.UU. y, en particular, de la intervención del Tesoro en el mercado de deuda de larga duración. El anuncio de una expansión significativa de las recompras de bonos de mayor plazo permitió inicialmente moderar las tasas y debilitó al dólar, reduciendo dos de los obstáculos que había enfrentado el oro durante buena parte de 2026. Sin embargo, el efecto más relevante parece operar por un canal distinto: la reaparición del debasement trade, que cuestiona hasta qué punto contener el costo de financiamiento es sostenible sin abordar las presiones fiscales estructurales que siguen empujando al alza la oferta de deuda estadounidense.
Esta lectura resulta particularmente favorable para el metal. Las recompras del Tesoro no constituyen un programa de flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal, pero la disposición de las autoridades a intervenir frente al aumento de las tasas ha reactivado las dudas sobre qué variable terminará absorbiendo el ajuste.

La demanda de inversión aporta una segunda fuente de soporte. Los flujos hacia ETFs respaldados por oro se aceleraron en las últimas semanas, ampliando la participación de inversionistas tras varios meses en que el mercado estuvo dominado principalmente por la demanda oficial y física. De hecho, los fondos respaldados por oro añadieron más de 28 toneladas durante la última semana, mientras la posición en opciones también se volvió marcadamente más constructiva: el interés abierto en opciones call sobre SPDR Gold Shares escaló a sus niveles más altos desde marzo.

Esta configuración puede reforzar el momentum en el corto plazo, pero también aumenta la sensibilidad del mercado a cualquier cambio en las variables macroeconómicas. Una concentración elevada de opciones alcistas puede obligar a los inversionistas a ajustar dinámicamente sus coberturas, amplificando los movimientos tanto al alza como a la baja. Por ello, tras el rápido avance reciente, una fase de consolidación no sería incompatible con la continuidad de una tendencia fundamentalmente constructiva.
Más allá de los flujos financieros, los pilares estructurales de la demanda continúan siendo relevantes. La acumulación de reservas por parte de bancos centrales, especialmente en economías emergentes, mantiene al oro respaldado por una fuente de demanda menos sensible a los movimientos de corto plazo de las tasas. El proceso refleja una estrategia más amplia de diversificación de reservas frente al crecimiento de la deuda soberana global, la fragmentación geopolítica y el riesgo de sanciones financieras. En China, las compras oficiales se han complementado con una demanda relevante de lingotes y monedas, mientras las autoridades flexibilizaron durante el año algunas restricciones a las importaciones; un eventual aumento del estímulo monetario chino frente a la desaceleración de la economía podría añadir apoyo adicional a la demanda doméstica de activos de cobertura.

Además, el componente geopolítico continúa ofreciendo otro piso al mercado. Las tensiones entre EE.UU. e Irán y la incertidumbre en torno al tránsito por el Estrecho de Ormuz mantienen una prima de riesgo latente tras haber sido uno de los factores que impulsaron el rally de comienzos de año. Aunque parte de esa prima se descomprimió posteriormente y contribuyó a la corrección del metal, la situación dista de haberse normalizado completamente.
El vínculo entre geopolítica y oro, además, es hoy más complejo que el tradicional canal de refugio. Una escalada en Oriente Medio apoyaría directamente la demanda defensiva por oro, pero una interrupción prolongada de los flujos energéticos también podría elevar los precios del petróleo, mantener la inflación estadounidense por encima del objetivo y retrasar cualquier flexibilización de la Fed. El mismo shock geopolítico puede, por tanto, impulsar al oro mediante una mayor aversión al riesgo y, al mismo tiempo, limitar su avance si provoca una nueva subida de las tasas reales. Este equilibrio explica por qué el impacto final de Oriente Medio dependerá tanto de la intensidad como de la duración del conflicto.

De cara a las próximas sesiones, la atención vuelve hacia EE.UU.: los próximos datos de inflación PCE y la intervención del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, en Jackson Hole serán claves para determinar si el mercado puede sostener simultáneamente expectativas de tasas relativamente contenidas y una visión negativa sobre el dólar. Una sorpresa inflacionaria al alza o un mensaje claramente restrictivo de la Fed podría reactivar los rendimientos reales y favorecer una recuperación de la divisa estadounidense, generando condiciones para una corrección o consolidación del oro tras el avance reciente. Por el contrario, señales de moderación inflacionaria, nuevas iniciativas del Tesoro para contener los costos de financiamiento o un deterioro adicional de la confianza en la trayectoria fiscal estadounidense reforzarían la narrativa actualmente dominante. En conjunto, el balance de riesgos continúa siendo constructivo, aunque probablemente acompañado por una volatilidad considerablemente mayor.
La diferencia respecto de meses anteriores es que el metal ya no depende exclusivamente de una caída de las tasas para avanzar. Mientras persista la percepción de que la estabilización del mercado de bonos estadounidense puede lograrse a costa de una moneda más débil o de mayores riesgos inflacionarios futuros, el debasement trade seguirá proporcionando una fuente adicional de demanda. En ese contexto, la trayectoria del dólar, los rendimientos reales, los próximos datos de inflación y la evolución de Oriente Medio serán determinantes para evaluar si la recuperación actual se transforma en un nuevo tramo alcista o si el mercado entra primero en una necesaria fase de consolidación.
Desde la perspectiva técnica, el oro mantiene una estructura alcista tras confirmar una reversión desde la zona de soporte mayor en 3.925–4.031 y superar sucesivamente las resistencias en 4.243, 4.386 y 4.556. Actualmente cotiza cerca de 4.652, poniendo a prueba el nivel clave de 4.647. Si este nivel se consolida como soporte, el siguiente objetivo técnico se sitúa en 4.865, seguido por 4.999–5.104; una ruptura sostenida de esa franja reforzaría el escenario de continuación hacia 5.247.
Las medias móviles respaldan el sesgo positivo: el precio se mantiene por encima de la EMA 10 (4.468), la EMA 21 (4.354) y la SMA 50 (4.179), con una alineación claramente favorable. Además, el ADX en 33,95 confirma que la tendencia posee fuerza. Sin embargo, el RSI en 72,32 señala sobrecompra, lo que aumenta el riesgo de consolidación o retroceso de corto plazo.

En este contexto, una entrada conservadora sería esperar una corrección hacia los niveles de 4.647 o 4.556; una alternativa más agresiva sería acompañar una ruptura confirmada hacia 4.865. Para posiciones largas, una pérdida de 4.556 sería una primera señal de cautela, mientras que un cierre bajo 4.386–4.354 deterioraría significativamente la estructura. El principal riesgo es un falso rompimiento provocado por el RSI extendido. Mientras 4.647 se transforme en soporte, la tendencia favorece continuidad alcista.
Mientras el nivel de 4.647 se mantenga como soporte, el balance técnico y fundamental continúa favoreciendo la continuidad alcista del oro, sostenida por el debasement trade, la demanda de bancos centrales y ETFs, y una prima de riesgo geopolítico que no se ha disipado. El dato de PCE y el mensaje de Kevin Warsh en Jackson Hole serán la próxima prueba de fuego, en un escenario que probablemente traiga consigo una volatilidad considerablemente mayor a la observada en meses previos.
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