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El crudo inicia la sesión atrapado entre dos fuerzas que empujan en direcciones opuestas: por un lado, una prima geopolítica que volvió a activarse tras nuevos incidentes marítimos cerca del Estrecho de Ormuz; por otro, un cuadro fundamental que sigue apuntando hacia una normalización de oferta y una demanda global más frágil. Por eso, aunque el precio WTI encontró soporte en la jornada, el movimiento luce más como un rebote táctico frente a riesgos de disrupción que como el inicio de una tendencia alcista sostenida para el petróleo WTI.
El catalizador inmediato vino desde el Golfo Pérsico. Un buque catarí fue impactado cerca del Estrecho de Ormuz, mientras que un petrolero saudí también habría sufrido daños en la misma zona. El episodio es relevante no sólo por los volúmenes potencialmente comprometidos, sino porque vuelve a poner en duda la estabilidad del acuerdo provisional entre EE.UU. e Irán y la seguridad de una ruta por la que históricamente ha transitado cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado. En términos de mercado, el mensaje es claro: Ormuz está reabierto, pero no plenamente normalizado. Mientras esa diferencia persista, el WTI spot seguirá incorporando una prima de seguro frente a eventos de cola.
Sin embargo, esa prima encuentra límites importantes en el frente de oferta. OPEC+ continúa avanzando en la reversión gradual de los recortes voluntarios. El 5 de julio, Arabia Saudita, Rusia, Irak, Kuwait, Kazajistán, Argelia y Omán acordaron implementar un ajuste de producción de 188 mil barriles diarios para agosto, manteniendo al mismo tiempo flexibilidad para pausar o revertir el proceso si las condiciones de mercado lo exigen. La señal no es agresiva en magnitud, pero sí relevante en dirección: el grupo sigue validando una transición desde defensa de precios hacia recuperación de volúmenes.

La reapertura parcial de Ormuz, por tanto, funciona como un arma de doble filo. En el corto plazo, cualquier ataque a embarcaciones puede elevar la prima geopolítica y encarecer transporte, seguros y cobertura de riesgo para el petróleo WTI. Pero, si el tráfico marítimo sigue recuperándose, el mercado podría pasar rápidamente desde el temor a la escasez hacia el temor a un excedente. Esa tensión explica por qué los repuntes del crudo tienden a ser contenidos: el riesgo geopolítico sostiene el precio, pero la normalización de flujos y el retorno de barriles limitan la convicción alcista.

Los inventarios ofrecen un piso al precio WTI, pero no eliminan el sesgo de cautela. En EE.UU., la última lectura semanal de la EIA mostró una caída de 3,8 millones de barriles en inventarios comerciales de crudo, que se mantienen alrededor de 7% por debajo del promedio de cinco años para esta época. Gasolina y destilados también se ubican por debajo de sus promedios históricos, lo que deja al mercado con menos colchón frente a nuevos shocks. A nivel global, la EIA estima que los inventarios líquidos de la OCDE podrían caer hacia niveles no vistos desde 2003 hacia fines de 2026, reflejando el impacto acumulado de las disrupciones previas en Ormuz.

La demanda, en cambio, sigue siendo el principal contrapeso bajista para el petróleo WTI. La EIA recortó de forma importante su estimación y ahora proyecta que la demanda global de petróleo caiga en promedio 1,1 millones de barriles diarios en 2026, frente a una expectativa previa de crecimiento.
Hacia adelante, el balance sigue favoreciendo un mercado sensible a titulares, con sesgo fundamental más bien débil para el precio del petróleo. La oferta incremental de OPEC+, la recuperación gradual de los flujos por Ormuz y el deterioro de las expectativas de demanda apuntan a limitar avances sostenidos del WTI spot. Lo que impide adoptar una visión abiertamente bajista es la fragilidad geopolítica: nuevos ataques en Ormuz, una ruptura del acuerdo entre Washington y Teherán o una escalada contra infraestructura energética rusa podrían reactivar rápidamente la prima de riesgo.

Desde la perspectiva técnica, el petróleo WTI muestra una tendencia diaria aún bajista, aunque con intento de rebote técnico desde la zona de soporte en 66.82. El nivel clave inmediato es 71.30, donde coincide la EMA 10; una entrada agresiva podría considerarse solo si el precio cierra por encima de esa zona, con objetivo inicial en 75.77–76.10 y salida parcial allí, ya que esa área puede actuar como resistencia fuerte. Si supera 76.10 con volumen y continuidad, el siguiente objetivo estaría en 80.08. Por el lado bajista, un rechazo en 71.30 o 76.10 favorecería ventas hacia 66.82; una pérdida clara de ese soporte abriría espacio hacia 62.16.

El precio del petróleo WTI seguirá dominado por la tensión entre prima geopolítica y exceso de oferta: mientras Ormuz permanezca reabierto, pero no plenamente normalizado, cualquier repunte del WTI spot tenderá a ser contenido, salvo una disrupción real de suministro o una ruptura del cierre técnico en 71.30.
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