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El catalizador inmediato de la sesión ha sido el frente diplomático. El petróleo había encontrado soporte inicialmente ante las dudas sobre la capacidad de Washington y Teherán para alcanzar un acuerdo que restablezca el tránsito por Ormuz, pero moderó el avance después de que funcionarios paquistaníes señalaran que ambas partes podrían estar acercándose a un entendimiento. En paralelo, las conversaciones entre Omán e Irán sobre el funcionamiento del estrecho habrían alcanzado una fase avanzada, aunque las probabilidades de una normalización del flujo en el corto plazo siguen siendo acotadas.

Esta distinción entre diplomacia y realidad física resulta hoy determinante. Antes del conflicto, el Estrecho de Ormuz canalizaba aproximadamente una quinta parte de los flujos mundiales de petróleo y gas, por lo que incluso una interrupción parcial tiene consecuencias significativas sobre disponibilidad, costos de transporte y seguridad de suministro. La actualización de la EIA refuerza esta lectura: los flujos de crudo y líquidos petroleros a través de Ormuz promediaron apenas 4,9 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre, muy por debajo de los aproximadamente 21,6 millones observados antes del conflicto. Bajo el escenario de la agencia, el tránsito seguirá severamente restringido durante agosto y solo mostraría una recuperación más significativa a partir de septiembre.

Esta dislocación explica por qué los inventarios globales habrían caído a una tasa cercana a 4,2 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre, y por qué seguirían reduciéndose durante el tercero. El mercado comienza a descontar un eventual acuerdo político, pero todavía no existe evidencia suficiente de que la disponibilidad física de barriles esté retornando a la misma velocidad.
El mercado estadounidense presenta una señal similar a la global. Los inventarios comerciales de crudo se mantienen en niveles reducidos, y la EIA espera que permanezcan cerca o por debajo de la parte inferior de su rango de cinco años durante buena parte de 2026. La combinación de fuertes exportaciones, menores importaciones y una utilización elevada de las refinerías ha contribuido a absorber esos inventarios, lo que limita la capacidad del mercado estadounidense para absorber nuevos shocks de oferta y amplifica la sensibilidad del WTI frente a cualquier deterioro adicional en las rutas internacionales.

Las tensiones ya no están confinadas exclusivamente a Ormuz: se han extendido hacia el Mar Rojo, donde continúan las amenazas contra rutas de navegación vinculadas al suministro saudita, mientras ataques recientes han afectado instalaciones energéticas en Arabia Saudita, Libia y Rusia. Saudi Aramco postergó el reinicio de su refinería de Jazan tras los daños provocados por un ataque, un factor especialmente relevante para los productos refinados: el diésel se ha visto tensionado por la menor disponibilidad, las restricciones logísticas en Medio Oriente y una elevada demanda de procesamiento en otras regiones.

La respuesta de la oferta comienza a moderar gradualmente esta presión. OPEP+ acordó elevar sus objetivos de producción para septiembre, completando la reversión de una parte importante de los recortes voluntarios previos, aunque la capacidad nominal y la capacidad efectiva de colocar barriles en el mercado siguen siendo conceptos distintos mientras persistan las restricciones en las rutas de exportación. A esto se suma la respuesta de productores no pertenecientes a la OPEP: Brasil alcanzó en junio una producción récord cercana a 4,5 millones de barriles diarios, consolidándose como uno de los proveedores alternativos que han ganado relevancia durante la interrupción del Golfo Pérsico. Esta expansión, junto con otros proyectos no-OPEP, constituye una de las principales diferencias respecto de crisis petroleras anteriores: el sistema global dispone hoy de una base productiva geográficamente más diversificada. Esto no elimina la importancia estratégica de Ormuz, pero sí aumenta la capacidad del mercado para sustituir gradualmente algunos barriles si las interrupciones se prolongan.
La demanda representa el principal contrapeso. La IEA ha recortado significativamente sus expectativas para 2026 y contempla una contracción de la demanda mundial cercana a 1,1 millones de barriles diarios, mientras la EIA también redujo sus previsiones de consumo ante el efecto combinado de precios elevados y restricciones de disponibilidad. China es una variable central en este proceso: sus importaciones llegaron a niveles excepcionalmente bajos durante los momentos más agudos de la crisis y no mostraron señales claras de recuperación en julio.

La elasticidad de la demanda funciona en ambas direcciones: los precios elevados inducen sustitución y menor consumo, pero un acuerdo político que provoque una caída del petróleo podría traer de vuelta parte de esa demanda. La combinación de oferta no perteneciente a la OPEP en máximos, una recuperación potencial del Golfo Pérsico y una demanda debilitada abre la posibilidad de que el mercado pase de una escasez significativa en 2026 a condiciones más holgadas en 2027. La IEA ha advertido precisamente sobre el riesgo de un excedente una vez que la producción regional se normalice, mientras la OPEP mantiene una visión más constructiva de la demanda para el próximo año. Esta divergencia refleja que la principal incertidumbre ya no es únicamente cuánto petróleo existe, sino la velocidad relativa con la que oferta y consumo reaccionarán a una eventual normalización geopolítica.

El shock petrolero también tiene implicancias macroeconómicas crecientes: al ser esencialmente una perturbación de oferta y no una aceleración excepcional de la demanda mundial, sus características son potencialmente estanflacionarias, elevando costos energéticos e inflación mientras reduce el ingreso disponible de los hogares y los márgenes corporativos. Para las economías importadoras, especialmente Europa y gran parte de Asia, esto se traduce en mayores facturas energéticas, deterioro de los términos de intercambio y menor crecimiento. Para numerosos mercados emergentes, además, el petróleo más caro puede interactuar con un dólar firme y tasas estadounidenses elevadas, endureciendo las condiciones financieras externas.
Esta interacción también importa para el propio WTI. Los precios energéticos elevados pueden reforzar las expectativas de inflación y mantener presión sobre las tasas de interés del tesoro estadounidense, dificultando el trabajo de la Reserva Federal, mientras mayores tasas y un dólar más fuerte terminan actuando como freno sobre la demanda global de materias primas. Con los próximos datos de inflación estadounidense en el centro de la agenda, existe por tanto un circuito de retroalimentación relevante: el petróleo intensifica la preocupación inflacionaria, esa preocupación puede sostener tasas y dólar, y eventualmente esas mismas condiciones financieras más restrictivas pueden moderar la demanda de petróleo.
Desde la perspectiva técnica, el petróleo WTI presenta una recuperación de corto plazo dentro de una estructura aún lateral en marcos más amplios. El precio se mantiene sobre las medias de 10, 21 y 50 sesiones, concentradas entre USD 80 y 81, lo que favorece un sesgo moderadamente alcista mientras esa zona actúe como soporte. El nivel inmediato a vigilar es USD 83,05: una consolidación sobre esta referencia podría habilitar un avance hacia USD 88,03, resistencia clave, y de superarse, hacia USD 93,70 y posteriormente USD 100-102. Por el contrario, perder USD 80 debilitaría la estructura, y una caída bajo USD 75,77 aumentaría el riesgo de descensos hacia USD 71,07 y USD 66,82.

El RSI, cerca de 53, respalda una mejora moderada del momentum sin señales de sobrecompra, aunque el ADX en torno a 19,8 indica una tendencia todavía débil, lo que contradice parcialmente la mejora del precio y aumenta el riesgo de falsos rompimientos. El sesgo del petróleo WTI sigue siendo moderadamente alcista sobre USD 80-81, pero una confirmación más sólida requerirá superar USD 88 con mayor fuerza direccional, en un contexto donde Ormuz y la respuesta de oferta de OPEP+ seguirán marcando el ritmo.
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