
El comportamiento del oro durante la jornada refleja una profundización de las fuerzas macroeconómicas y geopolíticas que vienen dominando el mercado desde fines de 2025. Más allá del impulso técnico asociado a la ruptura de niveles psicológicos relevantes, el movimiento responde a un deterioro progresivo en la confianza de los inversionistas hacia activos financieros tradicionales, particularmente monedas y deuda soberana.
En este contexto, el oro se consolida como uno de los principales beneficiarios del actual entorno de incertidumbre global, reforzando su rol como activo real en escenarios donde la preservación de valor vuelve a ganar relevancia dentro de las carteras.

El repunte del oro se produce en un entorno marcado por el debilitamiento del dólar y crecientes cuestionamientos sobre la calidad institucional en Estados Unidos. Los ataques políticos a la Reserva Federal, junto con especulaciones sobre eventuales intervenciones cambiarias y un giro más dovish en la política monetaria, han reducido las tasas de interés reales, aumentando el atractivo relativo del oro en dólares.
A esto se suma una combinación de políticas comerciales erráticas, tensiones diplomáticas con Europa y otros socios estratégicos, y una creciente politización de la política monetaria. Este escenario ha reforzado la percepción de riesgo institucional, incentivando una rotación hacia activos reales como el oro.
El aumento de la deuda pública en las economías desarrolladas se ha convertido en un pilar estructural del rally del oro. Inversionistas de largo plazo continúan utilizando el metal como cobertura frente a riesgos de solvencia fiscal e inflación persistente, lo que se refleja en una demanda sostenida de oro medida en toneladas.
Este fenómeno se ve reforzado por las compras continuas de oro por parte de los bancos centrales, donde la acumulación de reservas responde principalmente a criterios de estabilidad geopolítica y diversificación de activos, más que a consideraciones tácticas asociadas al nivel del precio del oro.

Desde una perspectiva de mercado, el posicionamiento también ha jugado un rol relevante en la dinámica reciente del oro. El mercado de opciones muestra una acumulación significativa de apuestas alcistas, con los risk reversals del oro a un mes alcanzando su nivel más alto desde 2024.
Este comportamiento sugiere que los inversionistas están incorporando una prima adicional asociada a riesgos geopolíticos y de confianza institucional, anticipando potenciales extensiones del movimiento alcista, aunque no exentas de episodios de consolidación en el corto plazo.

El avance reciente del oro ha estado acompañado por la superación de niveles psicológicos relevantes, lo que ha reforzado el momentum positivo del XAUUSD. Este movimiento técnico actúa como confirmación del sesgo favorable que ya venían marcando los factores macro y de posicionamiento.
No obstante, el elevado consenso alcista y la percepción de un crowded trade advierten sobre la posibilidad de consolidaciones tácticas en el corto plazo. Estos episodios no necesariamente alterarían el sesgo estructural de largo plazo, pero sí podrían moderar el ritmo de las alzas a medida que el mercado asimila los nuevos niveles.
Mirando hacia adelante, los factores que actualmente sostienen al oro podrían mantenerse vigentes durante los próximos meses. Mientras persista la incertidumbre política en Estados Unidos, las dudas sobre la trayectoria fiscal de las economías desarrolladas y las expectativas de una política monetaria más flexible, el oro debería conservar un rol central como activo defensivo dentro de las carteras.
Con todo, el oro se consolida en 2026 no solo como un refugio frente a shocks puntuales, sino también como un termómetro de la confianza en el sistema financiero global. Incluso si el ritmo de las alzas se modera, su rol como cobertura estratégica frente a riesgos monetarios, fiscales y geopolíticos seguirá siendo relevante.
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