
De cara al reporte del 25 de febrero (al cierre del mercado estadounidense), el foco ya no está en si la demanda existe, sino en su durabilidad, el mix de productos y la transición tecnológica desde Blackwell hacia Blackwell Ultra en 2025 y Rubin en la segunda mitad del año.
El consenso espera una utilidad por acción (EPS) cercana a US$1,53 (vs. US$1,3 el trimestre previo), ingresos en torno a US$66.000 millones y márgenes brutos aproximadamente de 75%. Con valoraciones exigentes, la reacción de las acciones Nvidia dependerá principalmente de la guía futura y de la confirmación de estos niveles de rentabilidad.

En el segmento de Data Center —cerca del 90% de los ingresos— se proyecta un crecimiento cercano al 17% respecto de los US$51.200 millones reportados el trimestre anterior, con un mix cada vez más concentrado en GPUs para inteligencia artificial. En Gaming y Automotive, la expectativa es de estabilidad relativa.
El crecimiento sostenido del capex por parte de hyperscalers en EE. UU. refuerza la visibilidad de ingresos. No es descartable que las expectativas hacia el primer trimestre de 2026 se aproximen a US$72.000 millones, lo que seguiría respaldando estructuralmente al precio acción Nvidia.
Un punto crítico será la capacidad de sostener márgenes brutos en torno a 75%. Algunas estimaciones indican que un aumento de 30% en los costos de producción podría implicar una caída de 100 puntos base en márgenes. Sin embargo, la posición estratégica de Nvidia en el ecosistema de inteligencia artificial le otorga capacidad de traspaso de costos, reduciendo la probabilidad de una compresión significativa.
La ampliación de capacidad productiva por parte de TSMC debería aliviar cuellos de botella en semiconductores, apoyando la entrega de Blackwell y los próximos chips Rubin. El mercado buscará además señales de mayor diversificación de proveedores de memoria HBM —entre SK hynix, Samsung y Micron— para mejorar la visibilidad operativa del segundo semestre.
Entre los riesgos, destaca la creciente competencia de AMD con MI300X en hyperscalers y la elevada concentración de demanda en un número reducido de clientes. A ello se suma la política de exportaciones hacia China, donde los chips H200 operan bajo esquemas estrictos de licencias caso por caso y reportes recientes de detenciones temporales en aduanas han elevado la incertidumbre regulatoria.
Con múltiplos exigentes, cualquier ajuste en expectativas puede amplificar movimientos en las acciones Nvidia.
Desde la perspectiva técnica, Nvidia cotiza en 188,91 y se mantiene dentro de un rango bien definido entre el soporte clave en 170,47 y la resistencia en 195,34.

El precio se ubica por encima de las medias móviles de 10, 21 y 50 días, lo que sugiere una estructura constructiva en el corto plazo. El RSI en 53 refleja un impulso neutral con sesgo ligeramente alcista.
No obstante, el ADX en 10 indica baja fuerza de tendencia, confirmando un entorno lateral que podría preceder un movimiento expansivo tras el reporte.
Un nuevo rechazo en la zona de 195,34 podría reactivar presión bajista hacia 180 e incluso 170,47. Una ruptura clara por debajo de ese soporte abriría espacio hacia la zona 155–160. En sentido contrario, un quiebre con volumen sobre 195,34 aumentaría la probabilidad de extensión hacia 205–210.
El mercado no cuestiona la demanda actual; exige evidencia de sostenibilidad. La confirmación de márgenes en la zona media del 70%, junto con mayor claridad sobre suministro de HBM y el ramp de Rubin, será determinante para contener la volatilidad.
En cambio, cualquier indicio de presión en costos o moderación en el gasto de hyperscalers podría inclinar el sesgo a la baja. Con el precio en compresión técnica y valoraciones elevadas, el reporte se configura como un evento de alto impacto para el precio acción Nvidia en el corto plazo.
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