El deterioro comenzó por el frente energético. Los nuevos ataques contra embarcaciones comerciales vinculados al conflicto regional reforzaron el temor a que las disrupciones de suministro se extiendan más allá del Estrecho de Ormuz hacia otras rutas estratégicas. El mercado ya no reacciona solo a una prima geopolítica abstracta, sino a riesgos concretos sobre el transporte y la disponibilidad de crudo, lo que elevó las expectativas de inflación y reabrió la posibilidad de que la Reserva Federal mantenga una postura restrictiva o incluso considere nuevas alzas de tasas.

Este canal resulta particularmente negativo para el Nasdaq, ya que las compañías tecnológicas de mayor valorización concentran buena parte de sus beneficios esperados en el largo plazo: un incremento de las tasas de descuento reduce el valor presente de esos flujos. Al mismo tiempo, el encarecimiento de la energía amenaza con elevar los costos operativos de centros de datos e infraestructura digital, justo cuando las grandes plataformas aceleran sus planes de inversión. Los últimos datos del mercado laboral estadounidense tampoco ofrecieron un contrapeso: la caída de las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo sugiere que los despidos siguen contenidos y que la economía conserva fortaleza suficiente para que la Fed priorice la inflación por sobre el crecimiento.

A nivel corporativo, Alphabet y Tesla se convirtieron en los principales transmisores de estas preocupaciones hacia el índice. En el caso de Alphabet, los inversionistas prestaron menos atención al crecimiento de sus negocios principales y más al aumento de las inversiones previstas en infraestructura de inteligencia artificial: la duda no es sobre el potencial estructural de la tecnología, sino sobre si ese capital se traducirá en ingresos, márgenes y caja a una velocidad compatible con las valoraciones actuales. Tesla enfrentó una reacción similar, con el mercado enfocado en la menor rentabilidad y el deterioro del flujo de caja, pese a la resiliencia de algunos segmentos de su negocio automotriz.
La temporada de resultados deja una señal clara: ya no basta con anunciar mayores inversiones en IA o nuevas capacidades tecnológicas; los inversionistas demandan evidencia concreta sobre monetización, disciplina de capital y retorno sobre la inversión. Esta exigencia pesa más por la elevada concentración del Nasdaq-100 en un grupo reducido de "mega-caps": las llamadas "Siete Magníficas" ya venían rezagándose frente al Nasdaq-100 y al S&P 500 durante 2026, por lo que el cuestionamiento sobre su liderazgo no nació con la sesión de hoy. Dentro del propio sector tecnológico existe además una creciente diferenciación entre quienes financian el ciclo de inversión y quienes reciben ese gasto como ingresos: fabricantes de memoria, semiconductores y servidores muestran mayor capacidad de resistencia, apoyados en la expectativa de que las grandes plataformas seguirán expandiendo su capacidad computacional.
Esta rotación tiene límites, sin embargo, ya que el alza generalizada de las tasas soberanas puede terminar afectando incluso a las empresas con mejores fundamentos. A esto se suma un riesgo adicional: la creciente dependencia del ciclo tecnológico de inversiones financiadas con deuda implica que, mientras más restrictivas se mantengan las condiciones financieras, mayor será la presión para que los proyectos de IA empiecen a mostrar retornos visibles. Los resultados de Intel serán el siguiente examen relevante para saber si los proveedores de infraestructura pueden mantenerse protegidos frente a la debilidad del sector.
Desde la perspectiva técnica, el Nasdaq-100 presenta una ruptura bajista de la cuña, con soporte clave en 28.438 y resistencias en 29.040, 29.230 y 29.580–29.670. El precio cotiza por debajo de la EMA 10, la EMA 21 y la SMA 50, lo que confirma el sesgo negativo; el RSI en 41,5 muestra debilidad sin entrar aún en sobreventa, mientras el ADX en 20,6 indica que la tendencia bajista todavía necesita mayor confirmación.

Una entrada corta ganaría atractivo con un cierre diario bajo 28.438 o tras un pullback fallido hacia 28.440–29.040, con objetivos en 28.000 y 27.500–27.700, y salida defensiva sobre 29.230. El escenario alcista requeriría recuperar 29.040 y luego 29.670.
La presión sobre el Nasdaq podría persistir mientras el petróleo se mantenga elevado y crezca la percepción de que la inflación energética puede alterar la trayectoria de la Fed. El foco de las próximas sesiones estará menos en el crecimiento de los ingresos y más en el capex, el flujo de caja, los márgenes y la capacidad real de monetizar la inteligencia artificial.
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