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El componente subyacente del IPC —que excluye alimentos y energía— registró un incremento de 2,5% anual, igualando su ritmo más lento desde marzo de 2021. El resultado llega tras un primer semestre en el que la inflación en EE.UU. llegó a tocar 4,2% en mayo, antes de iniciar una moderación progresiva en los meses siguientes. La reacción de los mercados fue inmediata y constructiva: las tasas de los bonos del Tesoro retrocedieron a lo largo de la curva, con el tramo corto liderando el movimiento por su mayor sensibilidad a las expectativas de política monetaria de la Reserva Federal. El mercado de futuros mantiene una probabilidad de alrededor de 40% de un alza de tasas en septiembre, lo que refleja que el dato, aunque fue un alivio, no disipó del todo las dudas sobre el ciclo de ajuste; aun así, esas probabilidades retrocedieron de forma significativa desde niveles cercanos a 70% a finales de julio, lo que ha contribuido a que las condiciones financieras se mantengan holgadas.

Desde una perspectiva macroeconómica, la moderación del componente "supercore" —inflación de servicios excluyendo vivienda— resulta particularmente relevante, ya que es la métrica que la propia Reserva Federal ha señalado como la más representativa de las presiones inflacionarias estructurales.

En renta variable, la combinación de un dato de inflación controlado y la consecuente reducción en las probabilidades de nuevas alzas generó un ambiente favorable para los activos de riesgo: las acciones avanzaron, con el sector tecnológico —particularmente los grandes fabricantes de semiconductores— liderando las ganancias. Un entorno de inflación moderada sin recesión es el escenario más propicio para la renta variable, ya que permite que los múltiplos de valoración se expandan y que las expectativas de utilidades no se vean erosionadas por el costo del capital; sin embargo, esa persistencia dependerá de que los datos de actividad —especialmente el mercado laboral— no muestren señales de deterioro que pongan en duda la narrativa de crecimiento saludable.

En el mercado de divisas, el dólar mostró una leve tendencia a la baja frente a sus principales pares, un comportamiento coherente con la reducción en el diferencial de tasas esperado entre EE.UU. y el resto del mundo. Desde una perspectiva estructural, si la Reserva Federal efectivamente se mantiene en pausa mientras otros bancos centrales —como el Banco Central Europeo o el Banco de Inglaterra— continúan ajustando sus políticas, el diferencial de tasas que ha sostenido la fortaleza del dólar en los últimos trimestres podría comenzar a comprimirse, abriendo espacio para una depreciación más sostenida del billete verde.

No obstante, los precios del petróleo siguen elevados por tensiones geopolíticas, un factor de incertidumbre que podría reactivar presiones inflacionarias y, con ello, mantener al dólar relativamente apreciado.
En materias primas, el oro fue uno de los grandes beneficiados de la jornada: el metal extendió sus ganancias por encima de los USD 4.400 por onza, impulsado por la caída en las tasas reales y la reducción en las expectativas de nuevas subas de tasas. El oro tiende a comportarse bien en entornos donde los rendimientos reales caen o se estabilizan y donde la incertidumbre sobre la política monetaria permanece elevada. Si la Reserva Federal efectivamente entra en un período de pausa prolongada, el metal podría encontrar soporte adicional, aunque un repunte inesperado de la inflación o una reactivación del ciclo alcista de tasas representarían el principal riesgo bajista para el activo. El petróleo, por su parte, sigue siendo un factor de doble filo, ya que precios elevados del crudo pueden reactivar la inflación de energía y complicar la narrativa de menor inflación, lo que mantiene la atención del mercado sobre la evolución del conflicto en Medio Oriente.
El dato de inflación en EE.UU. de julio ofrece una ventana de alivio para los mercados globales al reducir —aunque no eliminar— la probabilidad de un alza de tasas de la Reserva Federal. La persistencia de este impulso dependerá en gran medida de la evolución de los próximos datos de inflación y empleo en EE.UU., así como de la trayectoria del petróleo. El mercado se encuentra así en un punto de inflexión donde la narrativa de pausa prolongada de la Fed podría consolidarse o revertirse rápidamente según lo que arrojen los datos de las próximas semanas.
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