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El catalizador más importante continúa siendo la decisión del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de ampliar las recompras de deuda estadounidense de largo plazo después de que las tasas largas alcanzaran niveles que comenzaron a generar preocupación en Washington. Aunque estas compras siguen siendo reducidas frente al tamaño total del mercado de deuda, su importancia para Bitcoin reside principalmente en la señal de política económica: el mercado interpretó que las autoridades tienen una tolerancia limitada a un aumento desordenado de los costos de financiamiento de largo plazo.
Esa percepción modificó el mecanismo de ajuste entre bonos y divisas. Si las autoridades buscan limitar cuánto pueden subir las tasas largas pese a déficits fiscales elevados, una mayor parte de la presión puede terminar reflejándose en el tipo de cambio. El dólar estadounidense se debilitó con fuerza tras el anuncio y, aunque luego recuperó parte del terreno perdido, la intervención reavivó la discusión sobre la erosión de la moneda como mecanismo implícito de ajuste, uno de los principales impulsores del movimiento reciente de Bitcoin.
Los flujos de inversión respaldan esta lectura: el iShares Bitcoin Trust (IBIT) de BlackRock recibió aproximadamente US$1.500 millones en el período reciente, y los ETF de Bitcoin en EE.UU. continuaron registrando entradas relevantes, con más de US$300 millones diarios en algunas sesiones y alrededor de US$314 millones solo el martes.

Más allá de las cifras puntuales, lo relevante es que el canal institucional sigue absorbiendo oferta aun cuando Bitcoin se aproxima a una zona técnica exigente, entregando una base más sólida que la observada en episodios anteriores dominados principalmente por apalancamiento. A esto se suma que los inversionistas de largo plazo controlan aproximadamente el 83% de la oferta circulante de Bitcoin, una de las mayores concentraciones de los últimos años, por lo que incrementos modestos de demanda marginal pueden generar movimientos considerables. Parte del impulso también respondió a un cierre forzado de posiciones cortas, por lo que no todo el avance de Bitcoin debe interpretarse como nueva demanda estructural.

Como contrapeso, la inflación estadounidense continúa siendo demasiado elevada para una lectura inequívocamente expansiva de la política monetaria: el índice PCE de julio aumentó 3,7% interanual y su componente subyacente 3,3%, aunque los datos de actividad mantienen una economía suficientemente resistente como para que el mercado siga considerando plausible una política monetaria más flexible.

Las tasas de los bonos del Tesoro permanecen elevadas y el dólar ha recuperado parte de las pérdidas tras el anuncio de Bessent, lo que representa el principal desafío inmediato para Bitcoin: la narrativa fiscal favorece el debasement trade, pero tasas reales altas elevan el costo de oportunidad de mantener un activo que no genera flujo de caja. Por eso la atención se concentra en el discurso de Kevin Warsh en Jackson Hole. El desafío de Warsh es especialmente complejo porque la inflación continúa siendo problemática al mismo tiempo que la administración Trump busca reducir los costos de financiamiento de largo plazo. Un mensaje claramente restrictivo podría provocar una corrección en Bitcoin o prolongar la consolidación actual; una señal más flexible reforzaría la narrativa de liquidez y permitiría que la demanda institucional vuelva a dominar.
La divergencia entre el Tesoro y la Reserva Federal —uno interviniendo activamente en las condiciones financieras, la otra defendiendo mayor disciplina de mercado— ocurre en un contexto de déficits fiscales elevados que alimenta precisamente la tesis de largo plazo detrás del debasement trade.
El entorno regulatorio aporta soporte adicional, aunque menos inmediato: la SEC presentó un nuevo marco regulatorio para determinados criptoactivos, que busca crear reglas más específicas para su emisión y ofrecer ciertas exenciones bajo condiciones definidas, mientras avanza en la modernización de las normas de custodia de activos digitales. Paralelamente, la administración Trump presiona al Congreso para avanzar con el Clarity Act, aún estancado, con el riesgo de que buena parte del progreso regulatorio dependa de decisiones administrativas más reversibles que una ley aprobada por el Congreso. Por lo tanto, el cambio regulatorio es favorable para la institucionalización de Bitcoin, pero aún no constituye por sí solo una justificación suficiente para extrapolar el rally. A esto se suma el mejor tono de los activos de riesgo tras los resultados de Nvidia como soporte táctico, mientras la geopolítica en torno a Irán y el Estrecho de Ormuz podría reforzar la demanda por Bitcoin a través del petróleo, aunque también elevar las expectativas de inflación y endurecer la postura de la Fed sobre las tasas de interés.
Desde la perspectiva técnica, Bitcoin mantiene una estructura claramente alcista, cotizando cerca de USD 80.500 tras romper sucesivamente resistencias relevantes. El nivel inmediato a vigilar es USD 82.860: una ruptura y cierre diario sobre esa zona podría habilitar una extensión hacia USD 90.000–94.000. Por debajo, los principales soportes se ubican en USD 76.990–75.600, seguidos por USD 72.800–71.600 y, más abajo, USD 69.500–67.100.

Una alternativa conservadora sería esperar un pullback hacia USD 77.000–75.600 con confirmación compradora, mientras una estrategia de momentum podría considerar una ruptura confirmada sobre USD 82.860, con toma parcial de utilidad en esa zona y posteriormente en USD 90.000–94.000. Los indicadores respaldan la tendencia: el precio de Bitcoin se mantiene sobre las medias de 10, 21 y 50 días, mientras el ADX cercano a 40 confirma fortaleza direccional. El principal riesgo es el RSI sobre 84, que evidencia sobrecompra y aumenta la probabilidad de consolidación o retroceso.
De cara a las próximas sesiones, el escenario para Bitcoin sigue siendo constructivo, aunque mucho más condicionado que inmediatamente después del anuncio del Tesoro. La combinación de entradas persistentes en ETF, oferta disponible limitada, menor presión vendedora de grandes tenedores, avances regulatorios y una narrativa fiscal que difícilmente desaparecerá en el corto plazo proporciona una base fundamental más sólida. Mientras Bitcoin sostenga la zona de USD 72.800–75.000, el sesgo técnico continúa siendo favorable, aunque el mensaje de Warsh en Jackson Hole será determinante para saber si ese impulso se extiende o si Bitcoin entra en una fase de consolidación más prolongada.
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