
Las amenazas arancelarias por parte de la administración estadounidense, aunque revocadas en el caso de Colombia, persisten sobre México. La posibilidad de la imposición de aranceles a partir del 1 de febrero introduce un factor de volatilidad significativo. Como bien apunta la coyuntura actual, la política comercial de Estados Unidos se erige como un determinante clave en la trayectoria del peso a corto plazo. Esta dependencia, evidenciada en que el 84% de las exportaciones no petroleras mexicanas tienen como destino el mercado estadounidense, expone a la economía nacional a los vaivenes de las decisiones políticas al norte de la frontera.
Más allá del frente externo, los datos económicos domésticos presentan una imagen mixta. Si bien el superávit comercial de diciembre es un dato positivo, el déficit anual se ubicó en 8.2 mil millones de dólares, un incremento del 50% respecto al año anterior. Las exportaciones muestran un crecimiento interanual del 4.1%, impulsadas principalmente por el sector manufacturero, con un destacado desempeño en maquinaria y minerometalurgia. Sin embargo, la caída del 14% en las exportaciones petroleras, debido a precios presionados y volúmenes exportados, subraya la importancia de una canasta exportadora diversificada. Como dato relevante para los mercados, las importaciones mostraron un aumento del 9.1% interanual.
De cara al futuro, dos factores se presentan como cruciales. En primer lugar, la decisión de la Reserva Federal (Fed) sobre las tasas de interés. Una postura agresiva por parte de la Fed fortalecería el dólar estadounidense, ejerciendo mayor presión sobre el peso. Por el contrario, una política monetaria menos restrictiva podría ofrecer un respiro temporal a la moneda mexicana. En segundo lugar, la publicación de los datos del Producto Interno Bruto (PIB) de México será fundamental para evaluar la resiliencia de la economía frente a las presiones externas. Un crecimiento robusto podría mitigar el impacto de las incertidumbres, mientras que un desarrollo económico decepcionante agravaría las presiones sobre el peso.
En conclusión, el peso mexicano se encuentra en una encrucijada. La persistente amenaza de aranceles estadounidenses, combinada con un déficit comercial anual en aumento, genera un clima de incertidumbre que impacta negativamente en la moneda. La evolución de la política monetaria de la Fed y el desempeño del PIB mexicano serán determinantes para definir el rumbo del peso en las próximas jornadas.

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